Me dolía. Me dolía estar acostada allí en mi cama mirando su foto y amándole en silencio. Intentaba hacerme la fuerte, levantarme, maquillarme, sonreír y salir con mis amigas diciendo que ya era agua pasada. Que le había olvidado. Pero no era así. Quería estar con él. Que me sonriera y me dijera que me quería. Quería ser capaz de gritarle al mundo que le amaba. Porque yo lo amaba. Y desde lo más profundo. Pero lo único que salió de mis labios en ese momento fue un "Ojalá él lo sepa".
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Y como por arte de magia; en la otra punta de la ciudad, él pronunció las mismas palabras acompasándose al ritmo de ella. Porque aunque ellos no lo supieran; no solo sus palabras estaban acompasadas; sino también su corazón. Una misma persona dividida en dos mitades. Dos mentes con un mismo fin; pero a ellos solo les faltaba eso; unirse. Necesitaban ese pequeño empujón. Porque las palabras más difíciles de pronunciar son "te quiero" y no saber cual es la respuesta.
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Y como por arte de magia; en la otra punta de la ciudad, él pronunció las mismas palabras acompasándose al ritmo de ella. Porque aunque ellos no lo supieran; no solo sus palabras estaban acompasadas; sino también su corazón. Una misma persona dividida en dos mitades. Dos mentes con un mismo fin; pero a ellos solo les faltaba eso; unirse. Necesitaban ese pequeño empujón. Porque las palabras más difíciles de pronunciar son "te quiero" y no saber cual es la respuesta.
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