martes, 27 de diciembre de 2011

Con su sonrisa me basta.

 Y justo entonces, llego a rozar la calma, cada vez que lo hace, cada vez que 
sonríe. Nosé cómo ni de qué forma, ni la razón por la que reacciona así, 
pero basta estar en la peor situación, para que llegue y te la convierta en una
de las mejores. Y podría perderme en sus ojos, en cada gesto, en cada 
estupidez que sale por su boca, en la forma en que rechista, o en la forma en 
que se excusa en cada detalle, en cada abrazo, en cada beso, en cada por qué,
o en uno de tantos te amo, por hacer una única excepción. Tal vez tenga 
la virtud de hacerlo, de hacer cambiar un estado de ánimo a otro completamente 
diferente, teniendo en cuenta su presencia, y sin motivo alguno, o simplemente 
por el tiempo, o por la confianza adquirida a lo largo de lo meses.
Y seguiré riendo, llorando, encontrando excusas fáciles, o mis más propias
confusiones, pero sin lugar a duda, siempre habrá una única forma de calmarme 
y sentirme bien, y eso me basta el cada vez que lo hace, cada vez que sonríe.


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